Antonio Fornieles


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Transparencia y buen gobierno corporativo

Para post 3

El pasado viernes, organizado por Andalucía Económica, nos reunimos con unos ochenta empresarios y profesionales en Sevilla para revisar la evolución del gobierno corporativo en los últimos veinticinco años.

La conferencia gozó del interés de los asistentes, según se deduce de las preguntas del coloquio y del cóctel posterior. Adjunto la presentación que utilicé como guión (Ver aquí).

Mi objetivo era poner en perspectiva la evolución de la regulación y los códigos de buen gobierno desde principios de los noventa, revisando las causas que explican dicha evolución.

Repasamos la preocupación de los primeros códigos, a principios de los noventa, por dar respuesta al problema de agencia y de asimetría de la información, hasta la etapa actual en que los inversores están actuando de manera decidida y creciente para influir en la gestión y en el gobierno de las empresas en las que participan. Votar con los pies ha dejado de ser una actitud aceptable.

En mi examen, reflexionamos sobre algunos de los asuntos generales más debatidos internacionalmente sobre gobierno corporativo: su propio concepto y contenidos, la visión de largo plazo, la utilidad de los innumerables códigos de buen gobierno de corte parecido emitidos en todo el  mundo, los modelos de consejo y, en concreto, la pervivencia del modelo de consejo único, el equilibrio entre normas, recomendaciones y guías de buenas prácticas y la evolución desde la preocupación inicial por estructuras y procesos hasta la actual por influir en los comportamientos de los consejeros.

Asimismo, exploramos su recorrido en España, desde el Código Olivencia hasta el Código de buen gobierno de las sociedades cotizadas que acaba de emitirse en febrero de este año y la regulación correspondiente, incluida la Ley 31/2014, que ha modificado a Ley de sociedades de capital para la mejora del gobierno corporativo. Nuestro examen incluyó unas reflexiones sobre los paralelismos de nuestra regulación con la internacional, considerando el tremendo desarrollo de nuestro mercado financiero en los últimos veinticinco años y el perfil de nuestras empresas cotizadas.

Por último, hicimos algunas consideraciones sobre cuánto de lo comentado resultaba útil a las empresas no cotizadas de menos tamaño y en concreto a las empresas familiares. En este apartado, como en cualquier negocio, la recomendación fue la de analizar costes y beneficios y sobre todo dar tiempo al tiempo. El desarrollo de la empresa es el que va demandando primero la profesionalización de la gestión y después la incorporación de herramientas más estructuradas para el gobierno de la empresa familiar, que permiten incorporar capacidades y experiencias necesarias para seguir avanzando en terrenos menos conocidos para sus fundadores.

Terminé enfatizando la necesidad de que la incorporación a las empresas familiares de nuevas capacidades se hiciese de manera abierta y con personas en las que se tuviese absoluta confianza para obtener el máximo de esa inversión y citando al Nobel de Economía, Daniel Kahneman:

“…cuestionar lo que creemos y queremos es difícil, especialmente cuando más necesitamos hacerlo, pero podemos beneficiarnos de la opinión informada de otros.”

 

AFornieles

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