Antonio Fornieles


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¿A largo plazo todos muertos?

Blog Antonio Fornieles A lo largo de mi carrera profesional he tenido la suerte de conocer a muchos empresarios y directivos de muchos países. La inmensa mayoría de ellos comparten una motivación que no conoce fronteras y es la aspiración de transcender, de dejar su legado. Esta ambición, que mueve el progreso y expande el bienestar social, es la que los empuja a ver oportunidades donde los demás sólo ven dificultades y riesgos, a invertir en proyectos cuyos retornos no sólo no son inmediatos sino que son inciertos, a trabajar sin descanso, a reinvertir una y otra vez los beneficios para innovar e iniciar nuevos proyectos y a arriesgar su patrimonio. En definitiva a construir un proyecto sólido y duradero. Sin embargo, en el día a día, los retos cotidianos parecen alejarnos una y otra vez del anhelo del largo plazo.

Esta tensión y el conflicto de interés lícito entre todos los que contribuyen a construir un proyecto, abre con periodicidad el debate entre los objetivos de corto y largo plazo en las empresas. Esta semana pasada Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, ha hecho su aportación a este debate, reactivado con fuerza al albur de la crisis, pero que viene de largo y todavía tiene extenso recorrido, como es el del sesgo cortoplacista que imponen los mercados de capitales sobre las decisiones de los directivos de las grandes empresas cotizadas.

El Sr. Haldane, arrimando el ascua a su sardina, ha hecho un planteamiento, de cuyo diagnóstico difiero parcialmente, en términos recriminatorios hacia los líderes de las empresas cotizadas. En esencia, considera que la defensa prioritaria de los intereses de los accionistas tiene un impacto negativo en el crecimiento de la economía en general. Ello es así porque las exigencias de un mercado de capitales muy centrado en la gratificación inmediata conducen a los directivos a desatender las inversiones que favorecen un futuro a largo plazo más próspero.

Como recordaba al inicio de este comentario mi experiencia es muy diferente: los empresarios y directivos de las grandes empresas trabajan para crear proyectos sólidos y rentables en el largo plazo.

La historia empresarial está llena de ejemplos de proyectos (hoy en día es fácil recurrir a Apple y Steve Jobs), que pudieron salir adelante, a pesar de fracasos intermedios, gracias a la tenacidad de sus creadores.

Otra cuestión bien distinta es el desarrollo de una visión empresarial, que con frecuencia se ve empujada por las garantías y prioridades más inmediatas que imponen los financiadores.

Sin embargo, volviendo al Sr. Haldane, con independencia de la asignación de responsabilidades, que siempre se ven en el “otro”, su argumentación abre una cuestión de fondo muy interesante: qué modificaciones habría que introducir en el actual modelo de gobierno corporativo de las grandes empresas cotizadas americanas y británicas, en las que centra su reflexión, para promover una visión de largo plazo por la que las inversiones con mayores plazo de recuperación ganen terreno a las asignaciones de fondos a dividendos y recompra de acciones.

Estas reflexiones enlazan bien con la controversia, en este mismo sentido, en los últimos tres o cuatro años sobre cómo atacar lo que se denomina el problema de miopía del mercado de capitales o capitalismo trimestral, en referencia a la presión que ejerce el tener que informar al mercado cada tres meses sobre los resultados de las empre-sas.

Una iniciativa muy interesante, por la relevancia de sus patrocinadores, es la denominada “Focusing Capital on the long term” promovida por McKinsey, BlackRock (i) y el Consejo de inversiones del plan de pensiones de Canadá (ii). La escenificación más reciente de esta iniciativa ha sido una cumbre de líderes empresariales y de gobiernos celebrada en Nueva York en marzo de este año. De manera resumida, este proyecto tiene como propósito contribuir a movilizar a los mercados de capitales y las empresas hacia un foco de largo plazo.

La cumbre referida ha trabajado para identificar acciones prácticas que tuvieran un impacto de cambio real en el mercado, para contribuir a corregir el que se identifica como problema de base: la desconexión entre los intereses de los diferentes participantes en la cadena de valor de la inversión. Esta cadena de valor, que va desde los ahorradores hasta los directivos de las empresas en las que se invierte, pasando por propietarios y gestores de activos y consejos, ha mostrado una falta de coherencia entre los intereses de los ahorradores, con un enfoque, en general, de largo plazo y los incentivos que mueven a los gestores de activos que con frecuencia son de corto plazo.

Para ello se debatió la identificación de acciones alrededor de tres cuestiones:

  •  Cómo mejorar el dialogo entre inversores y empresas
  •  Cómo crear un ecosistema de largo plazo que, además de empresas e inversores, integre a medios, mercados y reguladores
  • Cómo promover estos cambios. Qué modificaciones en los incentivos de direc-tivos e inversores se deben favorecer para cambiar el foco en el plazo.

Lo que se observa es que nadie tiene una varita mágica y que nadie tiene seguridad de cuál es el punto de equilibrio, entre la necesaria tensión que se considera imponen los mercados a las empresas y la necesidad de favorecer inversores con visión de largo plazo, que permiten inversiones con retornos más largos. Es más que probable que tienen que ser un conjunto de medidas legislativas, fiscales, planes de inversión públicos e incluso de educación, las que contribuyan a generar un caldo de cultivo más favorable al pensamiento estratégico. Acciones que no requieran la fe y la paciencia que nos pedían los economistas clásicos, a los que John Maynard Keynes se refería cuando proponía acciones de política económica que nos permitieran llegar al largo plazo, pero que nos permitan escapar de la urgencia del día a día.

A buen seguro este debate continuará y yo me propongo seguirlo y estudiarlo, como lo hacen académicos, directivos y asesores de todo el mundo, y compartir aquí reflexiones y mecanismos que contribuyan a trasladar los comportamientos de empresas y mercados hacia el largo plazo.

Como le gusta decir a Paul Polman, CEO de Unilever (iii) , “Es demasiado tarde para ser un pesimista” y añade “Las empresas están aquí para servir a la Sociedad. Necesitamos encontrar un modo de hacerlo de manera más equitativa y sostenible no sólo con recursos sino con modelos de negocio que son sostenibles y generan retornos razonables”.


(i) BlackRock es el mayor gestor de activos mundial con fondos 4,7 billones de US$ en activos bajo gestión al 30 de junio de 2015
(ii) uno de los mayores fondos de pensiones del mundo con 265.000 millones de US$ de activos netos bajo gestión
(iii) Paul Polman, CEO de Unilever desde 2009, para extender el comportamiento de largo plazo en su empresa adoptó, entre otras muchas, la decisión de no anticipar previsiones al mercado, más allá de su plan estratégico, y de cesar en su política de información trimestral completa.

 

Referencias:

BoE’s Haldane says corporations putting shareholders before economy. Financial Times, 25 de julio de 2015
A report from the Lon-Term value Summit, 23 de marzo de 2015

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1 Comentario

  •    Reply
    Francisco José Fornieles Llerena 03/08/2015 at 01:13

    Muy agudas tus reflexiones Antonio. Y como dices al principio, hasta donde influyen las apetencias humanas, no solo de los inversores sino del propio Management. que a veces pretende logros que no se le piden…El factor capital y beneficios deberá conyugarse con las apetencias propias del hombre y así lograr un sano equilibrio (con un entrono adecuado) que permita proyectos a largo plazo con rentabilidad razonable en el corto. Felicitaciones y un abrazo.

    Francisco

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